DIVAGACIONES DE MADRUGADA (en teclado sin tildes, disculpas anticipadas)

Despues de no poder escribir por mucho tiempo, e incluso mencionar ayer en un almuerzo que yo no podria escribir de madrugada, como lo hace uno de mis autores favoritos, esta manana me desperte a las 3:30, lei un buen rato historias sobre Bogota y se me aparecieron unas ganas locas de escribir.

Cuentenme por favor que les parece:

DE DONDE VIENE LO QUE COMEMOS O BEBEMOS?

Si uno vive en una ciudad, lo mas probable es que mucho de lo que come y beba venga de otro sitio. Una cosa es lo que viene sin cruzar fronteras. Yo nací en Bogotá y Corabastos era el lugar en que todos los productos agrícolas convergían en algún momento de su paso del productor al intermediario, del intermediario al vendedor a granel, del granel al detal, al restaurante o a la cocina.

Otra cosa es lo que cruza fronteras. Hay productos que llegan sin ser procesados, como las mandarinas, pero dudo que no les hayan hecho ingeniería para que sepan y se vean todas igual. Hay otros, como los alfajores que son especialidad de algún sitio y nacieron de productos que no necesitaron pasaporte.

El chocolate no es así. El cacao nace en países del trópico como Colombia, y gana muchas millas antes de llegar a su destino final vestido de otros colores, sin detalles de procedencia de los ingredientes, pero sí de la reputación de países que han tenido uno o dos siglos para aprender como procesar esos mismos ingredientes, aunque nunca hayan podido producirlos en sus tierras.

Digo hayan podido, porque con la inteligencia artificial tengo la sensación de que en algún momento se podrán sembrar y cosechar sin importar el clima, la altura y otras cosas que importaban en el siglo 20.

La publicidad en el producto final te recuerda el tiempo que a los artesanos les ha tocado aprender a convertir el cacao en chocolate. Creo que mi ansiedad de cambiar el mundo proviene de lo absurdo que es que ese conocimiento que ya no tiene propiedad intelectual no haya podido volver a casa para que los países productores lentamente mejoren sus condiciones de vida.

Aquí me resulta difícil diferenciar lo que es un hecho de lo que es una narrativa. Se puede pensar que la higiene solo se vuelve primordial cuando se tiene un nivel de ingresos mínimos, o por lo menos eso es lo que las normas implican con respecto a importaciones de países en desarrollo.

Es cierto que hasta muy entrado el siglo 20 no era posible tener refrigeración, empaques y maquinas especiales para crear y mantener el aroma del café o la estructura física del chocolate de leche. Pero me resulta difícil pensar que eso sea una razón válida para importar un café espresso por ejemplo a Colombia en 2026.

Una explicación mas plausible para mi es que no hay plata para invertir en estas cosas en muchos países en desarrollo. Así, la financiación se vuelve para mi algo humano, alejado de la especulación y la codicia con que asocio a inversionistas desde que vi la película Wall Street. Se necesita plata de afuera, o mercados, para que incluso decir que esto podría cambiar, sea tomado en serio, sobre todo cuando el sueño proviene de alguien sin experiencia en negocios.

Se me dice: eso no ha funcionado, hemos intentado, apoyamos a muchos para hacerlo, pero fueron fracasos y las condiciones para la mayoría no cambian.

Y es que estoy convencida de que estrategias de diversificación no van a funcionar si algo en el sistema internacional no cambia. Que les pregunten a los 103 países para los que, aun en 2024, productos primarios representaban más del 60 % de sus exportaciones:

80 años después de que Prebisch y Singer dieran los argumentos para no exportar materias primas e industrializarse, conviene preguntarse que es lo que no ha funcionado.

No les parece?

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